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Caos ordenado, el shock de una cultura diferente

Visiones hispánicas de Formosa

 

El occidental, por la influencia de sus valores judeocristianos y griegos, fundamento de su cultura, concibe el mundo y a la persona individual como un Orden caótico, mientras que el chino, por la influencia de sus valores budistas-taoístas y confucianos, concibe el mundo y la personalidad como un Caos ordenado,

 

José Ramón Álvarez

Taipéi, 7 de octubre de 2021


José Ramón Álvarez, autor del prólogo de "Mientras tanto en Taiwán... Visiones hispánicas en Formosa".
José Ramón Álvarez, autor del prólogo de "Mientras tanto en Taiwán... Visiones hispánicas en Formosa".

Decir Orden significa que pensamos y aceptamos el mundo como un organismo con sus leyes fijas y constantes, pero, al adjetivarlo como caótico, pensamos y aceptamos que hay excepciones que muchas veces escapan a nuestra comprensión y explicación. Ante un terremoto, un accidente o la muerte de un niño por culpa de una enfermedad rara, nos quedamos mudos y anonadados, y no vemos ni entendemos ese orden que suponemos en nuestro mundo y en nuestra vida. Frente a ese desorden externo, la mentalidad occidental busca y pregunta, construye explicaciones. Tanto la ciencia como la religión dan razones y razonamientos que pueden calmar o convencer más o menos, pero casi siempre sin negar el Orden interno.


El occidental admite un orden interno en el mundo y en la vida que, sin embargo, muchas veces nos resulta caótico por las manifestaciones externas que parecen contradecir el orden tanto en el mundo natural como en la vida personal. Es verdad que en el mundo occidental hay personas que, ante el caos externo que parece dominarnos, niegan por completo que el mundo tenga un Orden y que nuestra vida tenga algún sentido. Pero son la excepción. Nuestra mentalidad occidental racional, en general, nos impide aceptar que el mundo sea un caos y no un orden.

El occidental admite un orden interno en el mundo y en la vida que, sin embargo, muchas veces nos resulta caótico por las manifestaciones externas que parecen contradecir el orden tanto en el mundo natural como en la vida personal.

La cultura oriental, basada en el budismo, el taoísmo y el confucianismo, sin embargo, concibe y acepta el mundo y la vida como un Caos ordenado. Decir Caos no es decir desorden (por eso uso mayúscula), porque, si no, no añadiríamos el calificativo de ordenado. Decir Caos es hablar de un orden que es real, pero que no podemos conocer ni explicar y que está ordenado internamente: es un Caos ordenado.

En chino hay dos sinogramas que se pueden traducir como «desorden» o «caos», pero se usan de manera distinta: son 混 (hun) y 亂 (luan). Cuando se usa hun se refiere a lo que está mezclado, difuso, pero no desordenado, como 混成 (ʽcompuestoʼ); 混雜: (ʽmezcladoʼ); 混血: (ʽmestizoʼ), etc. En combinación con 元 (yuan) en混元 y con 沌 (tun) en混沌, significa «el Caos primitivo». En la Biblia se dice: «Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe…» (Gen 1,1). En chino ese «caos informe» se traduce como hundun gongxu (混沌空虛)[1]. Los sinogramas 混沌 suelen indicar el Caos primitivo y no un desorden y caos real, mientras que, para expresar la idea de desorden y caos, casi siempre se usa 亂. Por ejemplo: 亂政 (luanzheng: ʽgobierno desordenadoʼ = ʽanarquíaʼ); 亂想 (luanxiang: ʽpensar sin ton ni sonʼ = ʽdivagarʼ); 亂罵 (luanma: ʽinsultar sin controlʼ); 亂紛紛 (luan fenfen: ʽen desordenʼ, ʽconfusiónʼ), etc. Es decir, luan se refiere a un verdadero desorden o caos, mientras que hun sería el Caos, que no se refiere a un desorden o caos real, sino a un Orden que nosotros no podemos explicar ni entender y al que llamamos hun (ʽCaosʼ).

La aceptación del mundo y la vida tal como es y no como la pensamos o deseamos es la primera verdad que aprende un chino desde su más tierna infancia.

Podemos apoyar estas ideas del Caos ordenado con la famosa alegoría que aparece en el libro clásico taoísta Chuangtse. Dice así:


«Shu era el emperador de los Mares del Sur. Hu era el emperador de los Mares del Norte[2]. Y Huntun era el emperador del Centro. Shu y Hu a menudo se reunían en el reino de Huntun, y este los trataba muy bien. Queriendo agradecer a Huntun su amabilidad, Shu y Hu se dijeron: "Todo el mundo tiene siete orificios que les sirven para oír, ver, comer y respirar. Solo este infeliz no los tiene. Vamos a hacérselos". Así que cada día le abrían un orificio. Al séptimo día Huntun era cadáver».

(Chuangtse, Cap. 7, 6).


La idea de Chuangtse es clara: Huntun tiene su propia vida y su propia naturaleza. Para la mayoría de la gente es algo deforme, anormal, desordenado. Sus amigos, los reyes Shu y Hu (descuidados y negligentes), no ven más allá de lo externo, de lo fenoménico, y buscan con toda su buena voluntad normalizar y ordenar a Huntun. Y, al hacerlo, lo matan.



Esta sería una característica típica del chino. A la hora de enfrentarse al mundo y a la vida, vive en un Caos ordenado y lo acepta, sin intentar entenderlo ni explicarlo. La aceptación del mundo y la vida tal como es y no como la pensamos o deseamos es la primera verdad que aprende un chino desde su más tierna infancia. Aceptar no es entender ni tampoco buscar el porqué de las cosas. Por eso se ha dicho que el chino no es filósofo, porque, si no hay pregunta, no hay filosofía.

[1] Traducción de思高聖經學會, Hong Kong, 1967, Gen 1,1. [2]Chuangtse usa, para los nombres de los reyes, los dos sinogramas de Shu (儵) y Hu(忽). Podemos pensar que hay una crítica irónica, porque el adjetivo shuhu (疏忽) (con la misma lectura que los nombres de los reyes Shu/Hu, aunque con el primer sinograma diferente) significa «negligente» y «descuidado», que es lo que fueron los dos reyes al no respetar la propia naturaleza de Huntun.

 

Extractos del prólogo que el profesor José Ramón Álvarez escribe para el libro Mientras tanto en Taiwán... Visiones hispánicas de Formosa, Ediciones Catay (2021). Esta publicación recoge cinco relatos breves escritos en la urbe, con ironía y desparpajo por la autodenominada Generación Catay, un grupo de escritores foráneos que lleva la friolera de más de veinte años vividos en Taiwán. Los relatos publicados bajo este título son:

  • «El coño de las taiwanesas», de Iker Izquierdo.

  • «El visitante», de Rachid Lamarti.

  • «El sol sale para todos», de Jorge Vinicio López.

  • «De las andanzas y malandanzas de un caballero perdido», de Fernando Darío González Grueso.

  • «Estampas cautivantes de la vida diaria en Taiwán. Apuntes reflexivo-narrativos de un occidental atónito», de José Ramos.

 

El profesor José Ramón Álvarez es residente en Taiwán desde 1967. Ha sido profesor de Lengua y Cultura Hispánicas en el Departamento de Español de la Universidad Fujen (1982-1990), decano de la Facultad de Lenguas Extranjeras de la misma universidad (1990-1996) y autor de varias obras importantes, entre las que destacan el Diccionario Español­-Chino, Ed. Lambridge (1984), El Tao y el arte del gobierno, Ediciones Continente (1994) y Pronunciación del chino (pinyin) para hispanohablantes, Ediciones Catay (2014).


Se le concedión la Encomienda de la Orden del Mérito Civil en 2006 por Su Majestad el rey Juan Carlos I de España y es máxima referencia sobre el mundo chino y el taoísta natural y filosófico.

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