Sonata de Pekín (para trompeta y piano)
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Una reseña, escrita con trompeta y piano, que se niega a ser reseña. «La conquista del Heartland: Sonata de Pekín», Iker Izquierdo, Ediciones Catay (2026).
Fdo.: Rachid Lamarti
[2] A mí, personalmente, a título de lector que se toma libertades, las sonatas me
gustan más, mucho más que las conquistas, de ahí que, entre La conquista del
Heartland y Sonata de Pekín, prefiera el musical. No es que haya que elegir,
realmente, ya que ambas forman un tándem; pero, aun así, elijo. Al igual que
siempre elegiré la trompeta por delante del piano, algo que no viene a cuento
ahora, sino después.
[3] PACTO DE CREDULIDAD
: Pacto entre caballeros, suponiendo que autor y lector lo sean, cosa sumamente
difícil de creer.
Aceptar que Remedios, la bella, mientras tiende las sábanas, se despega del suelo
y asciende hasta desaparecer en el aire (Cien años de soledad); aceptar que Gregor
Samsa despierta transmutado en insecto (La metamorfosis); aceptar que «el tigre
es un jardín que juega» (Los amantes); aceptar que una entidad extradimensional
y predatoria escoge, entre infinidad de opciones, la apariencia de un payaso (It);
aceptar que alguien puede ser feliz en China (Sonata de Pekín).
[5] PREMISA
: Base lógica; en este caso, anclaje, arranque o punto de inicio perpendiculares a
una base alógica.
Un joven neurótico, a galope de un complejo de Edipo sin diagnosticar, aterriza en
Pekín, y ni bien se sienta en el tren que ha de llevarlo del aeropuerto a la ciudad,
se enamora de la primera muchacha que ve. Porque sí, porque así es él, Lope
Carvajal, el advenedizo protagonista de Sonata de Pekín.
[7] Mujeriego del género rumiador, paso a paso irá perdiendo el compás de su propia
música. Lope no sabe bailar; tampoco atina con los dados en un juego de la oca a
cadena perpetua: laberinto, pozo, cárcel, laberinto, pozo, cárcel, laberinto, pozo,
cárcel. Arrastrado por su nuevo compañero de piso a la neblumosa noche pekinesa,
Lope vuelve a enamorarse. No tardará en reincidir, se enamorará por tercera vez,
y todavía habrá —Sísifo inquebrantable— una cuarta, que en realidad será la
resurrección casi al tercer día de la primera, pero él, Lope Carvajal, ni se percata,
pues hasta la más elemental de las operaciones aritméticas, la echa a perder con
decimales.
[11] ODISEA
: Aventura ciclópea con numerosos contratiempos y, opcionalmente, a
contratiempo; sexo sobre ruedas.
De Pekín a Teherán vía Xinjiang en furgoneta. Jugar al órdago. Ni Archie Karas
habría arriesgado tanto. Con Song Ji-nah, sin embargo, todo es fácil, sedoso. Por
eso, rebelándose contra la tiranía del punto final, el lector resiste, no abandona elbar, se niega a marcharse del concierto, habrá otra ronda, la banda regresará al
escenario, Song Ji-nah se sentará de nuevo al piano y besará la trompeta con sus
labios apetentes, todo lo vivido hasta aquí solo era el preludio de una ópera
cogiendo carrerilla. Esto no ha hecho más que empezar.
[13] Las sonatas suelen escribirse para uno o dos instrumentos, con predilección por el
piano. Sonata de Pekín acopla al piano una trompeta, y el instrumento de viento
acaba imponiéndose al de cuerda percutida, machallah!
[17] Una sonata no se canta, de lo contrario sería una cantata, y gracias a Euterpe que
trompeta y piano bailan a solas, sin intromisiones vocales, a diez mil revoluciones
por minuto, tocándose con las manos sedosas de Song Ji-nah, besándose con los
labios sedosos de Song Ji-nah. Song Ji-nah, fuerza de la naturaleza, cuásar de
atracción, personaje pinacular que, hasta cuando no aparece en pantalla, o sea,
en la página, copa el plano con su ausencia.
[19] SONATA DE PEKÍN
: Triángulo amoroso, geográfico y rectángulo, sujeto a reglas cometarias, en
absoluto pitagóricas, cuya hipotenusa es la cuerda de un arpa que dispara
alternativamente música y flechas.
[23] Lope vive permanentemente bajo una música de lluvia de flechas, preso entre dos
de los versos más célebres de Lope de Vega: «olvidar el provecho, amar el daño; /
creer que el cielo en un infierno cabe». Solo así se entiende, pacto de
caballerosidad aparte, su dicha en Pekín, megalópolis de inviernos sádicos, feroces,
crudelísimos. De invierno a infierno, por cierto, apenas un fonema de diferencia.
En Pekín tal diferencia no llega a apreciarse.
[29] Lope, Song Ji-nah, Farid, Angelina… sin más en común que la de ser extranjeros en
una ciudad que se te come por los pies.
[31] El poeta costarricense Luis Chaves relata un episodio de su vida o de la vida de
nadie en el que, a altas horas de la calle, noche abajo, una primera persona del
singular, tratando de alcanzar a su grupo de amigos, tiene una revelación:
Desde atrás, cuando apretaba el paso para alcanzarlos, los vi caminar lado a
lado, sin nacionalidad, o con la nacionalidad extraña y equívoca de los lazos
finales. Y aunque sea improbable encontrar una conexión entre esa imagen y
la certeza que siguió, allí mismo dejé de sentirme como extranjero, allí supe
que ese país era también mi lugar.
Lope Carvajal, Iker Izquierdo, yo, cualquier inmigrante mínimamente sensible
puede sentirlo, sin duda, en algún momento. En la ciudad de Pekín, ni en ningún
lugar del vasto país que la rodea, décimo círculo del Infierno, el que se calló Dante,
bien porque no quiso reventarnos los ojos, bien porque Virgilio tuvo corazón para
no reventárselos a él, yo, ni loco. Pero cada cual es cada cual, y allá Lope y su
partitura.
[37] ESCENA POSCRÉDITOS APÓCRIFA
: Hacer atmósfera, hinchar las ganas; expectativas en cadena. Al menos eso.
Sentada al medio loto sobre la tapa de un viejo piano de cola, Song Ji-nah limpia y
lubrica su trompeta: boquilla, bomba de afinación, pistones. La luz es tenue, ecoica,
burbujeante, fotones que van encapsulando las últimas partículas, aún en
suspensión, de una noche de jazz precámbrico. Song Ji-nah, madre de dragones si
quisiera, alza la vista, mira a cámara y sonríe.
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y escribidor Iker Izquierdo. Estas son su WEBSITE y su página de autor en AMAZON.
Rachid Lamarti es doctor en Filología Hispánica y profesor del Departamento de Lengua y Literatura Españolas de la Universidad de Tamkang (Taiwán).
Ha publicado los poemarios Hacia Kunlun (Progresele, 2013) y Poemario del agua (Ediciones Catay, 2017), el poemario en prosa («libro de cuentos», prefiere él) Té de tucán (Ediciones Catay, 2019) y el ensayo El Tao de la poesía, así como varios artículos académicos en revistas especializadas de lingüística y literatura. También ha traducido del chino a los poetas taiwaneses Chen Li (陳黎) y Chen Kehua (陳克華). Sigue la página de autor de Rachid Lamarti AQUÍ.
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