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Generación Catay: Mientras tanto en Taiwán… Visiones hispánicas de Formosa

Reseña literaria

 

Un conjunto de relatos que nos ofrecen una visión compleja de la poliédrica realidad del Taiwán de nuestros días a través de la mirada de varios cualificados representantes de la «generación Catay».

 

Carlos Martínez Shaw, Real Academia de la Historia

Sevilla, 1 de abril de 2022


Dr. Carlos Martínez Shaw, autor de la reseña
Dr. Carlos Martínez Shaw, autor de la reseña

Miguel Rubio Lastra, el editor de esta «Biblioteca Recreativa», nos presenta la «generación Catay», de la que forman parte los seis autores del libro que aquí nos ocupa: un grupo de personas procedentes del mundo hispánico que, andando en torno a la cuarentena, llevan más de diez años al menos viviendo en Taiwán y por tanto están en condiciones de dar una visión del país con conocimiento de causa. Y lo hacen a partir de una colección de relatos, llevados de su vocación literaria, aunque todas las narraciones contengan un porcentaje más o menos alto de experiencias propias, de referencias autobiográficas, la mayoría a partir de personajes ficticios, al modo de las Lettres persanes del barón de Montesquieu o de las Cartas Marruecas de José de Cadalso.


Sin embargo, antes de adentrarnos en este mundo de ficción (aunque compuesto de elementos entresacados de la realidad de Taiwán), el veterano profesor, escritor y director de la prestigiosa revista Encuentros en Catay, José Ramón Álvarez, vecino de Taipéi durante más de cincuenta años y, por tanto, coronando desde las alturas la generación Catay, nos ofrece un prólogo que resulta ser una lúcida reflexión sobre las diferencias existentes entre el modo occidental y el modo oriental de ver el mundo y la vida, sin caer en ninguna declaración abstracta o dogmática sobre la cuestión, y para así justificar el hilo que une a los distintos relatos, que no es otro que el «desconcierto de los occidentales» en su encuentro con el mundo oriental, en este caso concreto con el universo taiwanés, por mucho que los años de estancia en la isla hayan convertido aquella primera asombrada vivencia en una bien llevada «convivencia intercultural».

José Ramón Álvarez [...] nos ofrece un prólogo que resulta ser una lúcida reflexión sobre las diferencias existentes entre el modo occidental y el modo oriental de ver el mundo y la vida, sin caer en ninguna declaración abstracta o dogmática sobre la cuestión.

Para José Ramón Álvarez, el mundo occidental se reclama de una tradición clásica (griega) y de una ampliamente compartida creencia cristiana, frente al mundo oriental, definido por una conciencia budista-taoísta, lo que da como resultado la confrontación entre un orden caótico (a veces contestado por una concepción pesimista que niega el orden del mundo y por una duda metódica sobre el sentido o sinsentido de la vida) y un caos ordenado que puede ser un orden que no podemos explicar ni entender. En este segundo plano se inserta la cultura china, en que la razón y la palabra nunca tienen el valor absoluto que les otorga la cultura occidental, en que prima lo pragmático sobre lo intelectual, en que los principios son generales, ambiguos, con voluntarios cabos sueltos, en que lo esencial no es describir y explicar, sino experimentar y vivir. Y a partir de ahí, el veterano profesor nos deja a solas con los cinco relatos de la colección.

El primero, titulado «El coño de las taiwanesas» y firmado por Iker Izquierdo, es un mero divertimento sobre la insólita cuestión del peculiar olor del órgano sexual femenino, que varía según la lengua materna de la mujer o según su ideología (nacionalista, democrática o hedonista), todo ello según la percepción del autor y naturalmente con escaso fundamento.


El segundo, bajo el título de «El visitante» y debido a la pluma de Rachid Lamartí, nos expone algunas particularidades del way of life taiwanés según la singular visión de un alienígena que visita la isla durante un año. Entre sus impresiones se cuentan la permanente presencia de casas estragadas y de fachadas en trance de descomposición (pero no exentas de armonía), la bajísima tasa de criminalidad de que goza la isla, la proliferación de los ruidos (y las blasfemias que originan como protesta), la indiferencia de los ciudadanos por lo foráneo y por lo ajeno, la aversión por toda clase de insectos (excepto por las mariposas), la curiosa gastronomía (que exalta el venerado tofu calificado de hediondo por el extraterrestre, firme partidario de los huevos cocidos al té) y sobre todo el desinterés por los humanos, situados en el último grado de la escala. El alienígena se marcha jurando no volver, mientras le dura la agresividad que le han