Cartas del subdirector

 

En los últimos años se está produciendo una renovación en los estudios historiográficos en relación al pasado más polémico español, ubicado este en las interpretaciones negativas de hechos desempeñados por nuestra nación en su época imperial. Se trata de episodios concernientes a la inevitable y omnipresente creencia de que la Leyenda Negra española fue cierta, pues los españoles, desde la misma finalización de la Reconquista, según se asume en muchas obras históricas de referencia, y por numerosos historiadores de prestigio, protagonizaron un sinfín de sucesos históricos dañinos durante toda la Edad Moderna, perpetrados contra la humanidad que habitaba entonces en Europa, en África, en América y en Asia.


A pesar de que asuntos tan pretendidamente controvertidos como los de la Inquisición, la expulsión de los judíos y de los moriscos, la reducción de la población indígena en la América española y el trato hacia la misma cuentan con estudios que niegan la existencia de una política persecutoria de la monarquía hispánica hacia otras culturas, es muy difícil, por no decir imposible, desterrar del imaginario popular y de ciertos ámbitos académicos que la Leyenda Negra española estuvo basada en decisiones verdaderas auspiciadas por los reyes españoles y apoyadas mayoritariamente por la sociedad durante el largo tiempo histórico del Imperio español.


La aludida renovación historiográfica en estos temas parte de historiadores que poseen una formación sólida y aplican un método científico moderno a las tesis de sus estudios. Buscan las causas de los fenómenos, exponen con objetividad los sucesos y deducen las consecuencias de cada hecho histórico con reflexiones serias, lógicas y apoyadas en lecturas, con actualizada bibliografía, e incluso aportan documentos archivísticos para demostrar lo que con buen estilo literario exponen. En todo caso, su revolución consiste fundamentalmente en una interpretación sensata de los hechos y en no salirse de lo que la bibliografía y los documentos nos pueden aportar y transmitir. Y, a la vez, procuran poner al día la identidad de la historia de España.


Me refiero a autores de obras de gran éxito editorial y de número de lectores, como son los casos de María Elvira Roca Barea (Imperiofobia y Leyenda Negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español, de 2016; también, por qué no, 6 relatos ejemplares 6, de 2018); Pedro Insua (Hermes católico. Ante los bicentenarios de las naciones hispanoamericanas, de 2013 y 1492. España contra sus fantasmas, de 2018) e Iván Vélez (Sobre la Leyenda Negra, de 2014 y El mito de Cortés. De héroe universal a icono de la Leyenda Negra, de 2016). También me decido a incluir la obra de Stanley Payne En defensa de España: desmontando mitos y leyendas negras, de 2017, un libro, en este caso, escrito por un hispanista conocido, riguroso y que con él compone una verdadera introducción a la historia de España, a la que quita el polvo adosado a la misma por lecturas inapropiadas de la ya referida Leyenda Negra.


Todas estas obras, hay que decir, han surgido al margen del escenario académico español, no solo porque sus creadores no forman parte de él, sino porque sus postulados podrían ser perfectamente rechazados (en algunos casos) con críticas hacia los mismos, desde ese campo, por considerarse su discurso superado; aunque, a cambio de ello, si se asume este criterio profesoral universitario, haya que admitir de manera definitiva las versiones acusatorias sobre el pasado español que aparecen en tantas obras de divulgación, y que, incluso, dan pie a temas de investigación que todavía parten, en la segunda década del siglo xxi, en demasiadas ocasiones, de la asunción de que la Leyenda Negra española es de una veracidad incontestable.


Desde mi punto de vista, las obras mencionadas de Roca Barea, Insua, Vélez y Payne, aparecidas en el último lustro, gozan de una validez constatable si penetramos y nos introducimos en esta cuestión con rigor y con ánimo de eliminar conocimientos adquiridos en nuestra educación mediante lo estudiado, leído y conversado que ha dejado opiniones falsas instaladas en nuestras mentes. Todos empleamos y escuchamos con normalidad palabras y conceptos como proceso inquisitorial, la cruz y la espada, inhumanidad, intolerancia, decadencia, inoperancia, oscurantismo o persecución en torno a muchos acontecimientos, a pesar de sus logros, del pasado imperial español. Son términos que se relacionan con pasajes que todos podemos imaginar alrededor de nuestra aventura histórica imperial, principalmente.


Lenguaje e ideas que los españoles nos aplicamos a nosotros mismos sin caer en la cuenta, tal vez, de que podrían achacarse a toda civilización del pasado y a cualquier hecho histórico que fuera analizado desde una mentalidad actual. En este sentido, debemos pensar que hoy no somos mejores que ayer. Desde el futuro podrán vernos como ineptos, injustos, incultos, desatentos o perezosos. La lección que nos aportan los historiadores citados más arriba es que no hay que dar por sentado que la imagen negativa de nuestro pasado es una realidad inamovible, sino que es revisable, y que hay que saberla situar en su verdadero cauce histórico, sociológico y filosófico, e intentando adentrarse siempre, a la hora de comprender lo lejano, en la mente de las personas que vivieron y protagonizaron tanta densidad de vicisitudes históricas.


Como profesor de Cultura Española en Taiwán desde 1999, he tenido que luchar, a lo largo de muchos años, con imágenes falsas instaladas en las mentes de los estudiantes y con lo que ellos encuentran en internet, lugar natural para cualquier dislate en la valoración de la Historia con mayúsculas. El libro de texto que, a veces, me sirve de apoyo para una parte de las clases de Introducción a la Historia de España (el mejor que he encontrado por más reflexivo), España y su civilización, de Francisco Ugarte (con ediciones ampliadas desde 1952 hasta 2007), posee un discurso, a veces, similar (puede que más acusado aquí) al que se encuentra en muchos otros libros sobre historia de España de cualquier nivel y de otros autores que han emprendido la tarea de la divulgación con el cometido de una síntesis histórica sobre nuestra historia (Vicens Vives, Domínguez Ortiz o Fusi, por citar tres conocidos).
Pongamos algunos ejemplos contenidos en el libro de Francisco Ugarte, en su exposición sobre historia de España para estudiantes de español de EE. UU. (detecto en él a un viejo republicano español exiliado, patriota y crítico, en posesión de un estilo literario impecable). En el tema “La España imperial de los siglos xvi y xvii” (deja fuera el siglo xviii), pone por escrito ideas como las siguientes: Reyes Católicos (esa unidad territorial fue, hasta cierto punto, superficial; Los Reyes Católicos querían castigar (con la Inquisición) a los (judíos) que no practicaban dogmáticamente la religión cristiana); Carlos V (era intransigente (ante la Reforma) en cuestiones de la fe; Los aztecas tenían una gran civilización, comparable a las de Egipto y del Indostán; En el Perú existía otra civilización tan avanzada como la de México; España se empobrecía con tanta guerra, y sus campos quedaban abandonados); Felipe II (Para muchos, es el emperador más grande que ha tenido España. Para otros, especialmente para los historiadores extranjeros, solo fue un déspota fanático; La Armada sufrió, en 1588, una derrota decisiva; el imperio, con el siglo xvii y sus consecuentes (Fue la primera nación moderna en crear un imperio, pero también la primera en perderlo. Se convirtió muy pronto en una nación de segundo orden).


No quiero dar a entender que los historiadores españoles y los hispanistas escriban contra España, ni mucho menos; ni que los libros de texto mantengan un relato consciente sobre fechorías históricas de los españoles. Lo que deseo es hacer ver que el éxito de María Elvira Roca Barea, Pedro Insua, Iván Vélez y Stanley Payne nos puede servir para reflexionar sobre la interpretación que hacemos de nuestro pasado y cómo lo explicamos y lo defendemos. Hemos de tener en cuenta, en este sentido, que la historia de España y los españoles tienen derecho a la dignidad y a un trato desprovisto de tópicos y en igualdad de condiciones con los de otros países y otras culturas. Esto es así más aún cuando, como exponen estos escritores en las obras señaladas y se deduce de la historia, algo bueno hemos hecho y algunas realidades hemos dejado. Por lo tanto, sencillamente, sería bueno meditarlo.

José Campos Cañizares
Kaohsiung, 6 de enero de 2019
Subdirector, Encuentros en Catay

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